viernes, 14 de mayo de 2010

Increíblemente cierto... ¿o no?

En el mundo pasan cosas muy extrañas, como yo cenando pan y con mascota (diferente de un pez) en casa. Muchas de esas cosas raras que suceden son reportadas en los periódicos o medios de comunicación en general… cosa que por supuesto no pasará con mis noticias extrañas.

Una de esas noticias extravagantes es aquella que publicaron en el Sunday Mercury el 17 de diciembre del 2000, en la que contaban la historia de George Turklebaum y su muerte, en su oficina de 30 años en Nueva York, a los 51 años de edad. Lo extraño del caso no es eso, murió de un paro cardiaco, lo alarmante viene cuando informan que el hombre falleció en su escritorio el lunes pero lo notaron hasta el sábado… cuando un empleado de intendencia se acercó a preguntarle por qué seguía trabajando en fin de semana. George era el primero en llegar y el último en irse, por eso a ninguno de los 30 compañeros con los que trabajaba le se sorprendió al encontrarlo cinco días en la misma posición, además porque era un trabajador muy dedicado y que socializaba poco con las demás personas en la oficina.

Esta historia nos enseña varias cosas: no seas el primero en llegar, no seas el último en irte; ten al menos un amigo en la oficina, o al menos un enemigo que le encante criticarte y te cheque de vez en cuando; no descuides tu trabajo, pero socializa lo suficiente, que te vean levantarte por agua una vez al día. Y por último, pero no menos importante, no todo lo que dicen los periódicos es verdad; aunque el reporte fue dado a conocer por varias fuentes, todos informaron la misma noticia y con las mismas bases: absolutamente ninguna. No hay registro de ningún George Turklebaum muerto en la zona, ni siquiera hay documentación de su existencia, lo cual me parece verdaderamente afortunado porque ser olvidado así debe ser muy triste.

Algo que si sucedió, y creo que es más impresionante, es el caso de Denis Pring. Denis decidió invitar a compartir departamento a su amigo, con cierta discapacidad mental y que no tenía casa, Alan Derrick. Vivieron juntos un tiempo y un día, Denis murió, a los 73 años en 1998. Alan entró en pánico pensando que si daba aviso lo correrían del departamento, entonces decidió esconder a Denis debajo del sofá (tic nervioso), donde estuvo un año antes de que los vecinos llamaran a la policía por el olor putrefacto. Después de una revisión, seguramente no muy meticulosa, la policía no encontró el cuerpo; Denis pasó un tiempo más bajo el mueble, hasta que Alan decidió buscar un departamento nuevo y fue encontrado… ¡¡¡en 2008!!! Esta historia es cierta, documentada y todo, traumática y todo.

Hoy aprendí lecciones valiosas: todas las de la historia de George, antes mencionadas; que no debo cenar pan de nuevo, ahora tengo dolor de estómago =(; que no debo creer lo que dicen los periódicos si no tienen documentos que respalden su nota y que no debo invitar a mi amigo Alan a vivir conmigo, a mi no me gustaría jugar por tanto tanto tiempo a las escondidas.

1 comentario:

Fernando Narváez dijo...

Muy cierto, y sin embargo mis conclusiones son diferentes.
Sin importar que el caso del buen George sea falso, al menos es una representacion metaforica de un hecho indudable: la sociedad esta devorando al hombre, y él se deja consumir lentamente. ¿O acaso no mueren todos delante de un escritorio? Un poco cada día...
Y claro, no hay que confiar en los periodicos, ni en la gente, ni en uno mismo, ni en...

De este articulo desprendo un par de conclusiones:

1) El día que trabajes en una oficina es el mismo dia en que mueres
2)Parece que todos necesitan un lugar para vivir, aunque sea entre los muertos
3) Nada de lo anterior importa, la mayoría de gente esta muerta antes de cumplir los 20