Miércoles por la tarde, tenía la plena conciencia del día en que vivía y todo lo que había en la lista de “things to do”, principalmente me interesaban cuatro: terminar de leer algo que clasificaré como una novela administrativa súper interesante (¡claro!) llamada La Meta, escribir un emocionante ensayo sobre el mencionado libro; estudiar alrededor de 500 diapositivas, según la cuenta de Pau, sobre temas de administración y, por último pero no menos importante, escribir algo interesante para mis lectores.
Leí todo el tiempo que pude; entre clases, durante clases y cuando salí, mientras comía y en el viaje a casa; terminé antes de llegar entonces pude ponerme a escribir en cuanto tuve la computadora a la mano. Me tomó algún tiempo porque no tenía mucho que decir, pero el ensayo quedó listo a una hora decente y pude estudiar hasta que estuve demasiado cansada para continuar. Lo malo de todo esto es que olvidé por completo el último punto; terminé de estudiar ya que era jueves y me fui a dormir, una vez que terminé con los rituales nocturnos.
El jueves, después de entregar el dichoso ensayo y hacer el examen (que al final no requería de estudiar tanto ¬¬), tuve clase de orgánica. Me dijeron “Jessica, tu correo es muy fácil de borrar, como ‘Podría ser cualquier cosa’…” y entonces lo recordé U_U!
Tenía que suceder algún día y no me sorprende que haya pasado esta semana, es la penúltima de clases, hay más cosas por hacer, sueño y hambre, pero menos tiempo para trabajar, dormir y comer, como que el tiempo se comporta de una forma extraña y poco favorecedora. En fin, creo que para los lectores existe el mismo problema, seguramente no tienen tiempo de pasar por acá y nadie lo ha notado. Je…
Finalmente, tengo que contar la historia del cereal. Estaba en hora libre con la siempre confiable Pau y la experimental Cas, tuvimos que mudarnos de jardinera porque en la que estábamos no había suficiente espacio pero sí mucho sol, cosa no conveniente. Yo estaba a punto de empezar con el desayuno; dejé mi vaso de cereal, aún sin leche, destapado sobre mi cuaderno. Lo trágico: un pase mágico de mi mochila sobre el vaso hizo que este terminara tirado y tres cuartos del cereal sobre la tierra, me quedé con medio desayuno; tuve que tomarme la leche sola y comer poco cereal. Discutimos sobre la cantidad de colorantes que contienen las frutitas (la leche queda morada si dejas el cereal remojando un rato) y lo poco sanas que son como alimento.
Tuvimos que hacer un experimento, era muy tentador… Cas y su autora, como buenas científicas que somos, probamos uno de los cereales limpios (o eso creemos) que quedaron en la tierra… fue interesante, descubrimos que habían perdido el sabor. No concluimos nada, pero creemos que es por el contacto prolongado con el aire; tendremos que hacer otras pruebas para llegar a algo más concreto; todo con fines meramente científicos, claro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario