viernes, 21 de mayo de 2010

Y finalmente, sucedió.

Miércoles por la tarde, tenía la plena conciencia del día en que vivía y todo lo que había en la lista de “things to do”, principalmente me interesaban cuatro: terminar de leer algo que clasificaré como una novela administrativa súper interesante (¡claro!) llamada La Meta, escribir un emocionante ensayo sobre el mencionado libro; estudiar alrededor de 500 diapositivas, según la cuenta de Pau, sobre temas de administración y, por último pero no menos importante, escribir algo interesante para mis lectores.

Leí todo el tiempo que pude; entre clases, durante clases y cuando salí, mientras comía y en el viaje a casa; terminé antes de llegar entonces pude ponerme a escribir en cuanto tuve la computadora a la mano. Me tomó algún tiempo porque no tenía mucho que decir, pero el ensayo quedó listo a una hora decente y pude estudiar hasta que estuve demasiado cansada para continuar. Lo malo de todo esto es que olvidé por completo el último punto; terminé de estudiar ya que era jueves y me fui a dormir, una vez que terminé con los rituales nocturnos.

El jueves, después de entregar el dichoso ensayo y hacer el examen (que al final no requería de estudiar tanto ¬¬), tuve clase de orgánica. Me dijeron “Jessica, tu correo es muy fácil de borrar, como ‘Podría ser cualquier cosa’…” y entonces lo recordé U_U!

Tenía que suceder algún día y no me sorprende que haya pasado esta semana, es la penúltima de clases, hay más cosas por hacer, sueño y hambre, pero menos tiempo para trabajar, dormir y comer, como que el tiempo se comporta de una forma extraña y poco favorecedora. En fin, creo que para los lectores existe el mismo problema, seguramente no tienen tiempo de pasar por acá y nadie lo ha notado. Je…

Finalmente, tengo que contar la historia del cereal. Estaba en hora libre con la siempre confiable Pau y la experimental Cas, tuvimos que mudarnos de jardinera porque en la que estábamos no había suficiente espacio pero sí mucho sol, cosa no conveniente. Yo estaba a punto de empezar con el desayuno; dejé mi vaso de cereal, aún sin leche, destapado sobre mi cuaderno. Lo trágico: un pase mágico de mi mochila sobre el vaso hizo que este terminara tirado y tres cuartos del cereal sobre la tierra, me quedé con medio desayuno; tuve que tomarme la leche sola y comer poco cereal. Discutimos sobre la cantidad de colorantes que contienen las frutitas (la leche queda morada si dejas el cereal remojando un rato) y lo poco sanas que son como alimento.

Tuvimos que hacer un experimento, era muy tentador… Cas y su autora, como buenas científicas que somos, probamos uno de los cereales limpios (o eso creemos) que quedaron en la tierra… fue interesante, descubrimos que habían perdido el sabor. No concluimos nada, pero creemos que es por el contacto prolongado con el aire; tendremos que hacer otras pruebas para llegar a algo más concreto; todo con fines meramente científicos, claro.

viernes, 14 de mayo de 2010

Increíblemente cierto... ¿o no?

En el mundo pasan cosas muy extrañas, como yo cenando pan y con mascota (diferente de un pez) en casa. Muchas de esas cosas raras que suceden son reportadas en los periódicos o medios de comunicación en general… cosa que por supuesto no pasará con mis noticias extrañas.

Una de esas noticias extravagantes es aquella que publicaron en el Sunday Mercury el 17 de diciembre del 2000, en la que contaban la historia de George Turklebaum y su muerte, en su oficina de 30 años en Nueva York, a los 51 años de edad. Lo extraño del caso no es eso, murió de un paro cardiaco, lo alarmante viene cuando informan que el hombre falleció en su escritorio el lunes pero lo notaron hasta el sábado… cuando un empleado de intendencia se acercó a preguntarle por qué seguía trabajando en fin de semana. George era el primero en llegar y el último en irse, por eso a ninguno de los 30 compañeros con los que trabajaba le se sorprendió al encontrarlo cinco días en la misma posición, además porque era un trabajador muy dedicado y que socializaba poco con las demás personas en la oficina.

Esta historia nos enseña varias cosas: no seas el primero en llegar, no seas el último en irte; ten al menos un amigo en la oficina, o al menos un enemigo que le encante criticarte y te cheque de vez en cuando; no descuides tu trabajo, pero socializa lo suficiente, que te vean levantarte por agua una vez al día. Y por último, pero no menos importante, no todo lo que dicen los periódicos es verdad; aunque el reporte fue dado a conocer por varias fuentes, todos informaron la misma noticia y con las mismas bases: absolutamente ninguna. No hay registro de ningún George Turklebaum muerto en la zona, ni siquiera hay documentación de su existencia, lo cual me parece verdaderamente afortunado porque ser olvidado así debe ser muy triste.

Algo que si sucedió, y creo que es más impresionante, es el caso de Denis Pring. Denis decidió invitar a compartir departamento a su amigo, con cierta discapacidad mental y que no tenía casa, Alan Derrick. Vivieron juntos un tiempo y un día, Denis murió, a los 73 años en 1998. Alan entró en pánico pensando que si daba aviso lo correrían del departamento, entonces decidió esconder a Denis debajo del sofá (tic nervioso), donde estuvo un año antes de que los vecinos llamaran a la policía por el olor putrefacto. Después de una revisión, seguramente no muy meticulosa, la policía no encontró el cuerpo; Denis pasó un tiempo más bajo el mueble, hasta que Alan decidió buscar un departamento nuevo y fue encontrado… ¡¡¡en 2008!!! Esta historia es cierta, documentada y todo, traumática y todo.

Hoy aprendí lecciones valiosas: todas las de la historia de George, antes mencionadas; que no debo cenar pan de nuevo, ahora tengo dolor de estómago =(; que no debo creer lo que dicen los periódicos si no tienen documentos que respalden su nota y que no debo invitar a mi amigo Alan a vivir conmigo, a mi no me gustaría jugar por tanto tanto tiempo a las escondidas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Kash.

Este lunes nos tocó felicitación a mi y a hermano porque… ¡ya somos madres!

 

Ahora tenemos un gatito en casa. Llegó el viernes en brazos de hermano favorito, lo encontró abandonado y le dio mucha ternura (además de que lleva mucho tiempo con ganas de tener uno); madre no supo como correrlo y después de hacerle muchas cosas, al gato, pudimos conservarlo. Es medio callejero, así que venía medio enfermo, flaco y mugroso. Al tercer día de tenerlo lo bañamos y mejoró su aspecto, también lo llevamos al veterinario y se arregló la infección respiratoria que tenía.

Aprende rápido, ya come sólo y sabe usar la caja de arena… aunque parece que se la come, todavía tratamos de solucionar eso. Nos corretea a todos, se duerme en las pantuflas que encuentra… Es todo ternura la cosita esa, es obvio, es un bebe.

Se llama Kash. Cuando llegó todavía tenía un ojo cerrado, entonces a hermano se le ocurrió que podía llamarse Kakashi, pero es muy largo y decidimos dejarlo en Kashi… cuando pensábamos que era gata. Al parecer es gato, por eso ahora se llama Kash.

Estoy toda enamorada de la bolita de pelos esa, me cae muy bien. Los primeros días chillaba mucho y no dejaba dormir, pero lo comprendemos… estaba enfermo y sin comer. Está loquito, corre mucho, duerme mucho, juega con todo y lo mejor, ya no es escandaloso =)

viernes, 7 de mayo de 2010

El triste caso del departamental y otra historia.


Siendo las 16:15 de la tarde de hoy intentábamos resolver el examen departamental de Farmacología, específicamente la parte de laboratorio. Un examen de lo más frustrante, tanto por las preguntas como por el tiempo para responderlas; horror total.

Mientras nos preguntábamos que pasa con la absorción del ácido acetilsalicílico cuando el organismo tiene medio ácido, el sistema decidió fallar… Ya no dejaba resolver la siguiente pregunta ni regresar a la anterior, simplemente salía un lindo letrerito rojo de “Error: Database connection failed” y tu examen quedaba completamente anulado.

Pudimos entrar 10 minutos más tarde, pero ahora el relojito estresante marcaba “Sólo te quedan 4 minutos para completar el examen”, lo que nos daba aproximadamente 30 segundos por pregunta si queríamos completar el examen. Más horror.

Le enviamos un correo al hombre encargado de la página en la que se tenía que presentar el examen, respondió una hora después para decirnos que el sistema estará abierto “hasta las 23:50 horas del día de hoy”. Pedimos una aclaración porque no entendimos a que se refería con eso, a lo que recibimos una corta y concisa respuesta: “cerrará a las 23:50”; con lo que no estamos en absoluto de acuerdo por varias razones:

1. No se pueden permitir disponer de nuestro tiempo así nada más.

2. ¿Qué pasa con los compañeros que no saben de este asunto de las horas? Porque, debo decir, que nosotras estamos enteradas porque mandamos correo y seguimos pegadas a la compu; pero hay muchos que no.

3. Ni siquiera sabemos a qué hora va a funcionar el sistema CORRECTAMENTE.

4. ¡¿Qué tal que no hay luz en mi casa?!

Esta última razón nos lleva a contar la triste y desesperada historia que se titulará “Pau y las fallas eléctricas”.

Erase una vez una pequeña y rubia Pau que vivía muy feliz en su mundo lejano y próspero (y lleno de sueños alucinógenos)… hasta que un día comenzaron los problemas. La semana pasada cortaron un árbol enfrente de su divina casa y las ramas, como siempre muy oportunas, decidieron caer sobre los cables de la luz, por lo que su casa y las casas en un radio de 3 a la redonda se quedaron a obscuras. Como buena universitaria, la pequeña y rubia Pau tenía muchas tareas, que no pudo hacer por falta de luz e internet.

Entre lunes y martes, se quemó su microondas (¡horror!); la explicación: algo de las cuchillas en los siempre útiles transformadores, de nuevo se fue la luz.

Anoche se fue por tercera vez. Cuando la pequeña Pau llegó a casa, ésta estaba de nuevo a obscuras; unos vecinos inconscientes intentaron colgarse, juntando dos cables en el proceso y dejando a toooooda la cuadra sin luz. Por esta razón, pequeña Pau estaba asustada con eso de hacer el examen en su casa y mejor se quedó en la Facultad a hacerlo con ésta que escribe.

La parte traumática de la historia es que la caída del sistema coincidió con la pregunta 13 de su examen. Pequeña Pau puso cara de “¡¿y ahora qué?!”, tanto suceso mala onda en sólo siete días debe ser frustrante. “Afortunadamente” el problema fue generalizado, gracias a eso pequeña Pau tiene una cara más tranquila ahora.

Fin por hoy. Veremos qué pasa…

¿Y dónde es la fiesta?