viernes, 30 de abril de 2010

Historias.

Siete de la mañana. Pequeña mujer camina por la acera, cargando una enorme mochila negra y envuelta en una cobija azul porque (tontamente) decidió no usar suéter. Por fin llega a clase, un poco más tarde de lo normal. Correr no sirvió de nada, resulta que hoy no pasaron lista en Farmacología.

La clase pasa igual que todas las demás, a excepción de la parte en que se cuenta la terrible historia del poderoso proyector:

Había una vez un proyector (o cañón, como sea que le llamen) que prestaba sus servicios a los alumnos de una clase universitaria. El pequeño proyector parecía ser inofensivo… hasta que sucedió…

La profesora solía usar su computadora para tapar la luz del cañón. Un fatídico 30 de abril cambió su rutina: colocó un estuche de tela frente al proyector. Un alumno empezó a ver humo y cerca de donde estaba llegó un olor a quemado… ¡el estuche era torturado por el cañón! Se quemaba lentamente sin poder hacer nada para salvarse. Gracias al alumno no sufrió demasiado, el estuche fue puesto en un lugar seguro sin lesiones mayores.

La profesora se puso a analizar sus costumbres y descubrió que la pobre computadora no tuvo la suerte del estuche, ya tenía una cicatriz por sus encuentros con el proyector de la muerte.

Pequeña mujer y sus compañeros fueron amenazados con ser torturados como el estuche si no podían responder a la primera que la fosfolipasa A2 es la responsable de la señalización para que se libere el ácido araquidónico.

Después del susto por un posible enfrentamiento con el proyector mortal, pequeña mujer realizó una visita rápida y desayunó. Después corrió a clase de numeritos, donde todo fue tan emocionante como siempre (léase: poco). Aquí escuchó la triste historia del permiso de circulación y el verificentro:

“Fíjense que el martes fui al verificentro y dejé mi permiso de circulación. Ahorita lo estaba buscando y no lo encontraba, entonces me pregunté ‘¿Dónde lo dejé? ¿Dónde lo dejé?’ y ya me acordé. Entonces me tengo que ir a hacer el numerito para ver si todavía lo tienen, porque ¿se puede andar sin eso? ¡Claro que no!”

Sin embargo, la clase duró lo de siempre. Terminó con un “Feliz día del niño” y un sabio consejo de la profesora:

Si van a una fiesta y van a tomar, vayan con alguien que los cuide. Si no van a tomar, ¿para qué van a la fiesta?

Pequeña mujer salió de clase con Pau, Erika y Cas. Fueron a sentarse a la jardinera junto a la casa de las hormigas. Las primeras tres repasaron microbiología mientras la última escuchaba atentamente. De forma desconocida, el repaso llegó a una discusión acerca de la embriaguez y la amnesia. Una anécdota de Cas, la única que ha llegado a tal estado de conciencia alterada entre las presentes, nos acerca a alguna conclusión en que si se relacionan:

La joven Cas y dos amigos realizaron un experimento, en el que uno de ellos los cuidaba mientras que Cas y el amigo sobrante se alcoholizaban y anotaban sus sensaciones; todo el experimento fue documentado en video.

Al día siguiente, Casandra dijo no recordar nada de lo sucedido después de cierta copa. Al revisar los videos, Cas se vio a si misma muy preocupada y diciendo “¡Esperen! No veo mis piernas”. Según lo cuenta la protagonista, su expresión corporal les indicaba a todos que nadie podía moverse hasta que ella no encontrara las piernas perdidas. Le dijeron que sus piernas estaban donde siempre, debajo de ella, y entonces Cas empezó a reclamar cosas que la escritora presente ya no entendió muy bien.

El punto es que según Cas, sí hay niveles de embriaguez que te llevan a la amnesia. Pau y pequeña mujer no pudieron opinar, nunca han pasado del mareo. La discusión terminó por falta de tiempo, tuvieron que separarse para continuar con sus respectivas actividades. Pequeña mujer subió tres pisos hasta su clase con el Dr. A.B., una clase casi normal pero sin examen. Buena clase, como siempre.

Después de clases hubo una hora de papas, pasto, plática y más Microbiología. A las 2 de la tarde, Pequeña mujer ya estaba en su salón de examen, no muy lista pero resignada. No hubo más historias, sólo una larga espera que terminó en un examen de dos horas, que empezó con una hora de retraso. 60 preguntas de cosas pequeñas y todo lo que se relaciona con ellas, 60 preguntas que pudieron terminar de responderse a las 14:40 hrs. si el hombre que debía aplicar el examen hubiera llegado temprano.

Fin de la historia académica del día del niño.

Lo siguiente fue bastante mejor, comida, personas muy agradables… aunque con mucho calor. Pero dicen que si el infierno fuera así, caliente y con cervezas, yo sí iba” (C.C.C.). Esta última parte del día fue muy divertida, compensó la espera.

Fin... Ahora sí.

miércoles, 28 de abril de 2010

Yo no lo sabía.

Escribo esto cerca de las 11, escuchando música y pensando de qué tema sería bueno hablar esta vez. Debería terminar tarea de estadística, pero me he quedado atorada por falta de ganas. Tengo hambre… y ver las fotos del post pasado no ayuda.


En fin, dejaré de quejarme para escribir cosas más “interesantes”. Por ejemplo, que el vuelo más largo que ha hecho una gallinita es de 13 segundos; y que sus maridos, los gallitos, no pueden cacarear si no estiran por completo el cuello. O que el padre más joven registrado en el mundo tenía 12 años, se llamaba Sean Stewart y tuvo su milagrito en 1998 (no le llega ni a los talones a Lina).

También les puedo contar que si juntáramos a todas las termitas del mundo y las pesáramos, nos ganarían a todos los humanos juntos en peso. ¿Y sabían que las termitas metaleras (no IQM’s, hablo de las que escuchan heavy metal) comen el doble de rápido que sus congéneres con gustos musicales menos estruendosos?

Y hablando de masas, un colibrí pesa menos que una moneda (aunque ahora que lo pienso, no sé de qué denominación… no pregunten), mientras que nuestro planeta pesa, aproximadamente, 6 588 000 000 000 000 000 000 000 toneladas. Nunca había escrito tantos ceros juntos, es por eso que existe la notación científica, ¿pero a poco no impresiona más ver todos los ceros?

Y si hablamos de numeritos… ¿alguna vez han elevado al cuadrado 111 111 111? Pues si lo hacen (y tienen una calculadora que de suficientes dígitos), verán 12 345 678 987 654 321. Esta información la deben agradecer a hermano favorito, él me instruyó.

Un número que me gusta, además del 37, es el cuatro, curiosamente este es el número de rodillas que tienen los elefantes. Lo interesante es que son el único animal en el mundo que tiene dos pares de rodillas. Otro dato sobre animales: cuando quieran que un oso polar les firme su camiseta, asegúrense de darle la pluma en la mano derecha, los osos polares son diestros. Entonces, supongo que todos los osos polares tienen la misma esperanza de vida, a diferencia de los humanos: las personas diestras tienden a vivir nueve años más que las zurdas. Y yo me pregunto… ¿y los ambidiestros? ¿Acaso viven cuatro años y medio más que los zurdos pero cuatro años y medio menos que los diestros?

Eso me ha dado mucho que pensar… pero que flojera, será después. Ahora la mejor idea que tengo es: me voy a dormir.

viernes, 23 de abril de 2010

Lasaña.

ADVERTENCIA. El siguiente post puede ocasionar antojos extremos, ganas intensas de comer o repugnancia, según el lector. Si en algún momento llega a experimentar cualquiera de los síntomas antes mencionados o alguno similar, la autora recomienda dejar de leer y continuar cuando se encuentre en mejores condiciones. Si el lector decide hacer caso omiso a esta advertencia, la escritora presente no se hace responsable.

(Bonnet: Que conste.)


 

Comer es muy divertido. Es de las cosas que más me gusta hacer, siempre y cuando la comida no tenga algún tipo de picante, cebolla o jitomate crudos; son las tres cosas que no soporto. Salvo algunas otras excepciones, disfruto mucho comer.

Pero tengo un problema: no se cocinar. Entonces prácticamente todo lo que como viene de otras manos, cosa que no me molesta en absoluto porque las “otras manos” suelen cocinar muy bien. Sólo hay como 5 cosas que sé hacer:

- Plátanos con crema (o fresas o duraznos, cualquier derivado de eso).

- Hot cakes.

- Espagueti (sólo, con crema y con una salsa/crema verde con plantitas que me enseñó a hacer madre).

- Pan.

- Y más recientemente, lasaña.

No es por presumir, pero la última me sale bastante bien. Y no lo digo yo, lo dicen los que la han comido =D, por eso es que lo creo; hermano favorito es muy sincero y además cocina mejor que yo, entonces confío en su opinión: si no le gusta, lo dice y no repite, cosa que no pasó con mi lasaña n_n. Como es de las 5 cosas que me salen y sí se puede comer como plato fuerte, fue lo que hice cuando me quedé encargada de hacer la comida sabatina. Salió medio chafa en algunas partes, pero tenía que experimentar con la nueva receta (no podía negarme, la naturaleza científica lo demandaba); la mayor parte estaba bien cocida, entonces no se quejaron (mucho).

El mismo sábado, antes de salir a hacer las compras para la comida, desayuné plátanos con crema y una cosa que se supone que es miel, pero su consistencia ya no es la que corresponde, es miel evolucionada. Me alimenté con eso porque 1. no tenía cereal, 2. tampoco ganas de hacer hot cakes y 3. ni modo que desayunara espagueti. Al final fui feliz, la cosa estuvo tan simple… pero tan rica… que no se cómo no fue mi primera opción.

Y ustedes se preguntarán, ¿qué tienen que ver las galletas en todo esto? Pues nada, pero el empaque dice que “saben muy chido” o algo parecido y trae una mermelada con la que puedes hacer cosas divertidas… y luego comértelas.

Creo que debo detenerme, ya me está dando hambre. Y, la verdad, espero que a ustedes también. Para distraernos veamos este video (phew phewphew phewphew… phewphew phewphew phewphew… phewphew phewphew phewphew phew…), ese hombre es tan bueno… que da miedo.

miércoles, 21 de abril de 2010

Lina Medina.

Ayudando a hermano favorito con su tarea, que requería un acto de vandalismo (recortar una revista de cosas interesantes), me enteré de varias cosas. Las más sorprendentes fueron dos:

1. No leí completa la revista.

2. Lo que podemos ver en la fotito:

Obviamente, nuestra reacción inmediata fue “¡Claro que no!”, pero dudar fue difícil debido a la procedencia de la información. ¿Qué podíamos hacer? Por supuesto, ir con el dios de la G a buscar una respuesta.

¡Resulta que sí existió! De hecho existe, nació el 27 de septiembre de 1933 en Perú y actualmente vive en Lima con todos sus 76 añotes. Su historia es tan rara que parece de libro que tendría una imagen extrañísima en la portada:

Sus padres decidieron llevarla al hospital por recomendación de los chamanes de su aldea, pensaban que tenía un tumor abdominal. Varios médicos en la capital de su país la atendieron y diagnosticaron: su tumor se llamaría Gerardo y nació un mes después del extraño descubrimiento (el 14 de mayo de 1939), cuando Lina tenía cinco años, siete meses y 21 días de edad. Gerardo fue un niño perfectamente sano y heredó el nombre del Dr. que lo trajo al mundo, el Dr. Lozada.

Resulta que Lina se convirtió en una (¿qué decimos aquí: niña, mujer?) fértil a los dos años y ocho meses, concibió a su hijo dos años después. Su cuerpo estaba completamente listo para concebir a pesar de su corta edad, a los cuatro años ya tenía senos de adolescente y a los cinco se le habían ensanchado las caderas y sus huesos estaban en un avanzado estado de maduración; toda ella entrada en la pubertad cuando no había pasado ni una trigésimo tercera parte de su vida (FYI: eso es muy poquito).

Aún no se sabe quién puso la otra mitad de Gerardito, la madre nunca quiso revelarlo y los padres no tenían idea; se sospechó del afortunado abuelo, que de hecho fue encarcelado por varios días debido a esto, pero al final salió libre por falta de evidencias. Por supuesto, las especulaciones místicas no se hicieron esperar; la niña fue calificada como una especie de Virgen María e incluso hoy en día se cree que Gerardo fue hijo del Dios Sol.

El pequeñín pasó sus primeros 10 años creyendo ser hermano de Lina, creció como cualquier niño normal y fue criado por sus abuelos; finalmente murió a los 40 años por una enfermedad en la médula espinal. Su madre se casó y tuvo un segundo hijo en 1972, a la edad más normal de 39 años.

Muchos piensan que todo se trató de un engaño, pero se tienen pruebas suficientes para decir que no es así. Por vayan ustedes a saber qué cosas políticas del gobierno peruano, se creó una comisión especial para protegerla en éste mismo país, esto no permitió que Lina fuera sometida a más estudios que permitieran explicar su caso. Aunque posiblemente esto no fuera tan malo al final, la niña pudo “crecer” en un ambiente tan “normal” como le fue posible… yo creo.

Cosas raras de las que uno no se entera… locuras de éste mundo perturbador.


Je… Una cosa rara más: el año que dice la revista está un poquito mal… En fin.