Ayer mientras desayunaba pera semisólida en mi tiempo libre entre clases, llegó una mujer que hablaba mucho (MUCHO!) a ofrecernos velas a mis amigas y a mí. Hablaba tanto que ninguna de nosotras pudo decir nada y al final nos convenció de comprarle cositas. A decir verdad era bastante agradable… o eso nos hizo pensar. Jeje.
Yo me hice de un par de velitas que teóricamente representan un eclipse: un círculo verde y una lunita amarilla; huelen a manzana y vainilla respectivamente, están bonitas y huelen padre. La amiga vendedora nos dijo que nos leía las velas, así que después de que escogí lo que iba a llevar me contó lo que según ella decían sus velas sobre mí. Cierto o no, sonó padre.
En la noche prendí las dichosas velitas y entonces, la tragedia…
Resulta… que al parecer no se usar un encendedor. En lugar de agarrarlo derecho, como es correcto, lo usé un poco (muy) inclinado. La llama llegó a mi uña pero no sentí nada, entonces pensé “que raro huelen estas velas”… hasta que me di cuenta que lo que olía mal no eran las velas, sino mi uña quemada, muy quemada. Al final ya no supe a que olían las velas, me quedé con el olor a quemado impregnado y ya no funcionó, será otro día.
Pensé lo de la foto después de que ya me había arrancado (sí, así) una parte. Tenía más uña antes de eso. Se arregló fácil, ya no hay señales de la quemadura, ahora nadie se enterará de lo sucedido… Claro!
Afortunadamente las uñas no duelen.
1 comentario:
Ahhhh no puedo menos que inferir que la uña quemada es una consecuencia lejana de haber sido victima de la mercadotecnia de una mujer que hablaba mucho...siempre he dicho que hablar con la gente no trae nada bueno, y esa uña es un ejemplo...despues sigue nuestro tiempo, nuestra individualidad, todo reducido a cenizas...mejor no hablar con la gente...escuchar...escuchar el latir del universo y nada mas....pero reconozco que la superstición es tentadora...que diría la mujer de una vela negra? un alma consumida...probable, muy probable....
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