miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ah sí sí! El Bicentenario.

El semestre corre y corre… más bien podría decirse que vuela por la velocidad que parece tener; en situaciones como estas se nota la subjetividad del tiempo. Yo voy bien, intentando hacer de todo y avanzando lo posible.

No ha pasado mucho además de lo normal: despertarse groseramente temprano, ir a clases, viajar a casa, hacer tareas, dormir inconvenientemente tarde (o de plano no hacerlo) y repetir. Pero, aunque lo parezca, no me quejo porque todo tiene lo suyo:

- Las despertadas temprano son buenas porque, si fueran más tarde, el viaje casa-escuela sería terriblemente largo.

- Las clases me divierten mucho, en general, y en la escuela me la paso bastante bien. Es más divertido que estar en casa haciendo tareas, je…

- El metro tiene su encanto a veces, se pueden ver cosas, situaciones y personas interesantes. Con el tiempo te acostumbras al viaje y el tiempo pasa rápido, pero nunca está de más disfrutar de aquellos momentos en que el tiempo se detiene en una estación, es un buen momento para hacer experimentos; por ejemplo, puedes ver si es verdad que sientes cuando ya llegaste a tu estación aunque vayas dormido =)

- Y bueno, no puedo dejar de mencionar las desveladas. Ir a la cama a las 4 de la mañana vale la pena cuando te vas con la satisfacción de haber hecho algo productivo… aunque al otro día no es tan padre andar todo hiperactivo por tanto café o en calidad de zombie (he pasado por ambas, generalmente en ese orden), pero lo vale, eso seguro.

Y bueno, un día como hoy pero en 1830 nació Porfirio Díaz, quien hace 100 años decidió “ajustar” la fecha en la que se conmemoraría la Independencia de México… casualmente (aja!) el ajuste resultó en que el centenario de la celebración coincidiría con su cumpleaños número 80.

No tengo mucho más que decir al respecto.

Suerte con el embotellamiento-bicentenario y muy buen súper puente oficial (gracias a los eficientes altos mandos del país) para todos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Pantitlán.


Primer día del mes, mitad de la cuarta semana de clases. Hoy no hay mucha tarea así que pienso dormir todas las horas que me debo (aja!). Pero también quería pasar por aquí, ya extraño escribir.

Paseando por el Caralibro me encontré con un enlace interesante: una niña nació en el metro Pantitlán el día de hoy. Yo sabía que en el metro pasaban cosas muy locas, desde que te venden enciclopedias hasta el faquir que dice que no está ahí para robarte pero más te vale que lo apoyes, de hecho yo tuve una experiencia rara hace poco… pero de ahí a que nazcan niños, ya está muy extrema la cosa.

Aquí está la noticia. Yo espero que todo haya salido bien para los padres y la pequeñita, que ya tiene una anécdota de vida. Cuando vaya por esos rumbos con sus amigos podrá decir “Yo nací aquí”.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Por quinta vez.


Sólo durante 15 semanas y dos días más. Pero como buenos guerreros, aguantaremos hasta el final… o finales, depende como nos vaya.

Ya con tareas, trabajos, mil copias por sacar y otras mil hojas por leer e imprimir… pero somos felices estudiando, lo que sea. Sí, ¿verdad?

Esto de la escuela es padre, principalmente la primera semana porque la carga de trabajo es mínima y la última, porque uno sólo va a enterarse si sirvió lo poco o mucho que haya hecho en el semestre y que tanto (del 0 al 10).

En fin, ya vino a apapacharme el gato y es hora de dormir. Suerte a todo el que me lea (y al que no también, por si le hace falta).

miércoles, 28 de julio de 2010

De vacaciones.

Escribo esto desde las lejanas tierras de León, vacacionando felizmente de visita con la familia. Extraño a los que se quedaron, pero me la estoy pasando bien y no me arrepiento de estar aquí; además he visto varias cosas curiosas desde que llegué, viene la lista de lo más importante (por no decir “de lo que recuerdo”), junto con las respectivas pruebas:

- De camino al tianguis de los martes pasamos por un circo, lo cual no es muy impresionante, lo interesante aquí fue que al menos dos de los remolques tenían su propio satélite de televisión pagada. Eso me pone a pensar… y tal vez en el circo no se gane tan mal después de todo. Si no la hago en la Química intentaré que me crezca la barba y tal vez tenga otra opción de vida.

- Un poco más cerca de la casa hay un local donde venden “Quezadillas”. Eso me deja con varias preguntas: ¿a qué sabrán?, ¿serán de “quezo”?, ¿el “quezo” lo hacen con la leche de las “vacaz”?... y cosas por el estilo.

- Hace mucho, de verdad mucho, que no veía frituras tridimensionales de queso; aquí todavía las venden. Me dio gusto comerlos de nuevo.

- Las plazas comerciales están igual (o peor) de llenas que por mis rumbos en fin de semana o en miércoles de cine, por un momento me sentí como “en casa”.

- Esto último no lo tengo en foto, pero juro que no miento. Aquí los moteles se llaman auto-hoteles, cosa que me dio mucha risa y flojera a la vez; es un nombre más largo y raro, aunque supongo que también es la falta de costumbre. Me contaron que la zona por la que pasamos, donde vi los tres auto-hoteles, se conoce como El triángulo de las bermudas: los coches entran y desaparecen…

Seguiré aquí unos días más, a ver que más encuentro. Fin… por ahora.