Hoy recordé lo mucho que me molesta enfermarme; no sólo por los síntomas (que no suelen ser agradables), también por lo que uno tiene que hacer para conseguir un diagnóstico y medicamentos…
Fui al Seguro por una alergia que me ha estado molestando en estos días. Al final salí de ahí con una caja de antihistamínicos y un diagnóstico que yo ya me imaginaba, pero creo que la travesía no resultó exactamente un éxito… por varias razones.
Para empezar, me pasé casi ocho horas en el lugar; llegué alrededor de las 10:30 y ya era la séptima del turno vespertino, reparten las fichas a la 1:30 pm y se supone que algo cerca de esa hora empiezan las consultas. Se intercalan las fichas de los que llegan en el día con los que ya están citados, así que el tiempo que tardes en pasar dependerá de que tantos te toquen antes. Hasta ahí todo iba bien, nada que no esperara; pero en el consultorio donde me toca no había médico, entonces me mandaron a otro donde me atendieron cerca de las 6 pm.
La consulta no duró más de 15 minutos, pero sí me revisaron y salí con una receta de ahí. Después tuve que formarme otro rato para hacer la cita para los análisis de laboratorio que me mandaron a hacer; la cita: miércoles 2 de marzo a las 7 de la mañana, mejor ya no les digo para cuando quedó la cita con el médico. Afortunadamente sí había medicina, aunque la fila para la farmacia estaba mucho más larga que la del laboratorio…
¿Ven a lo que me refiero? Es entonces cuando entiendo por qué a muchas personas no les gustan estos servicios… pero ni modo, hay que usarlos a veces. Debo aceptar que cuando he necesitado el servicio de urgencias o alguna especialidad todo ha sido bastante eficiente, al menos lo que recuerdo; pero creo que la “Medicina familiar” siempre ha dejado mucho que desear.
Esperaré pacientemente las citas; igual y me curo antes de que lleguen, pero entonces los análisis al menos servirán para saber que ya estoy bien, ¿no?