El semestre corre y corre… más bien podría decirse que vuela por la velocidad que parece tener; en situaciones como estas se nota la subjetividad del tiempo. Yo voy bien, intentando hacer de todo y avanzando lo posible.
No ha pasado mucho además de lo normal: despertarse groseramente temprano, ir a clases, viajar a casa, hacer tareas, dormir inconvenientemente tarde (o de plano no hacerlo) y repetir. Pero, aunque lo parezca, no me quejo porque todo tiene lo suyo:
- Las despertadas temprano son buenas porque, si fueran más tarde, el viaje casa-escuela sería terriblemente largo.
- Las clases me divierten mucho, en general, y en la escuela me la paso bastante bien. Es más divertido que estar en casa haciendo tareas, je…
- El metro tiene su encanto a veces, se pueden ver cosas, situaciones y personas interesantes. Con el tiempo te acostumbras al viaje y el tiempo pasa rápido, pero nunca está de más disfrutar de aquellos momentos en que el tiempo se detiene en una estación, es un buen momento para hacer experimentos; por ejemplo, puedes ver si es verdad que sientes cuando ya llegaste a tu estación aunque vayas dormido =)
- Y bueno, no puedo dejar de mencionar las desveladas. Ir a la cama a las 4 de la mañana vale la pena cuando te vas con la satisfacción de haber hecho algo productivo… aunque al otro día no es tan padre andar todo hiperactivo por tanto café o en calidad de zombie (he pasado por ambas, generalmente en ese orden), pero lo vale, eso seguro.
Y bueno, un día como hoy pero en 1830 nació Porfirio Díaz, quien hace 100 años decidió “ajustar” la fecha en la que se conmemoraría la Independencia de México… casualmente (aja!) el ajuste resultó en que el centenario de la celebración coincidiría con su cumpleaños número 80.
No tengo mucho más que decir al respecto.
Suerte con el embotellamiento-bicentenario y muy buen súper puente oficial (gracias a los eficientes altos mandos del país) para todos.
